Cómo me di cuenta de que algo no estaba bien

Durante mucho tiempo pensé que simplemente estaba cansada.

Siempre había lidiado con anemia y niveles bajos de hemoglobina. De hecho, una hemoglobina de 10.5 era algo relativamente normal para mí. Había aprendido a vivir con eso y a seguir adelante.

Pero esta vez era diferente.

Mi cabello comenzó a caerse mucho más de lo normal. La ansiedad se volvió parte de mis días. Me sentía agotada constantemente, como si mi cuerpo estuviera funcionando con las últimas reservas de energía.

Lo más frustrante era que estaba haciendo las cosas “bien”. Comía saludable, intentaba descansar cuando podía y seguía cuidando mi alimentación. Sin embargo, nada mejoraba.

Algo dentro de mí sabía que lo que estaba sintiendo no era normal.

Llegó un punto en el que las tareas más sencillas se sentían pesadas. Mi cuerpo parecía estar pidiéndome ayuda, aunque yo todavía no entendía exactamente qué estaba pasando.

Cuando finalmente comenzaron los estudios más detallados, descubrimos algo importante: mi ferritina estaba en 7.

Hasta ese momento, yo conocía la importancia de la hemoglobina y el hierro, pero no entendía cuánto podía afectar una ferritina tan baja.

De repente, muchas piezas comenzaron a encajar.

El cansancio extremo.

La caída del cabello.

La ansiedad.

La sensación de que mi cuerpo ya no respondía como antes.

Por primera vez entendí que no estaba exagerando ni imaginando mis síntomas. Mi cuerpo realmente estaba luchando con una deficiencia que había llegado demasiado lejos.

Y aunque todavía no sabía todo lo que venía después, ese fue el momento en que me di cuenta de que algo no estaba bien y que necesitaba comenzar a escuchar a mi cuerpo.

Lo que Dios comenzó a enseñarme

Mientras intentaba entender lo que estaba pasando con mi cuerpo, también tuve que enfrentar algo más profundo: mi necesidad de aceptar mis límites.

Yo quería seguir al mismo ritmo de siempre.

Quería seguir cuidando de todos, trabajando, estudiando y cumpliendo con mis responsabilidades sin detenerme.

Pero mi cuerpo ya no podía.

Y aunque no lo entendía en ese momento, Dios estaba usando esa temporada para enseñarme algo que había ignorado durante años:

No siempre somos fuertes porque estamos bien.

A veces somos fuertes porque hemos aprendido a sobrevivir cansadas.

Mi ferritina estaba en 7.

Pero mi alma también necesitaba descanso.

Ese fue apenas el comienzo de un proceso que cambiaría mi forma de ver la salud, el autocuidado y la dependencia de Dios.

Y de eso te hablaré en el próximo artículo.

Próximo artículo:
🌿 Mi experiencia con mi primera infusión de hierro

Similar Posts